¿Por qué puede subir la glucosa después de una cirugía digestiva aunque no tengas diabetes?

Paciente con control de glucosa después de una cirugía digestiva

Contexto de la glucosa después de una cirugía digestiva.

Una persona ingresa para someterse a una cirugía digestiva sin tener diabetes y, durante las horas o días siguientes, descubre que le controlan repetidamente la glucosa. Incluso puede ocurrir que los análisis muestren valores más elevados de lo habitual o que sea necesario administrar insulina durante un tiempo.

La primera interpretación puede resultar desconcertante: ¿significa que ha aparecido una diabetes después de la operación?

No necesariamente. Una intervención quirúrgica puede modificar temporalmente la forma en la que el organismo produce y utiliza la glucosa. Como consecuencia, algunas personas presentan hiperglucemia durante el periodo perioperatorio incluso sin haber tenido previamente un diagnóstico de diabetes.

Cuando esta elevación está relacionada con la respuesta del organismo ante una enfermedad aguda, una lesión o una intervención quirúrgica se habla habitualmente de hiperglucemia de estrés.

Comprender por qué sucede permite aclarar otras cuestiones importantes: de dónde procede la glucosa si el paciente está en ayunas, qué papel desempeña la insulina, por qué se controla la glucemia durante el ingreso y por qué recibir insulina en el hospital no significa necesariamente tener diabetes.

La glucosa después de una cirugía digestiva ¿puede aumentar?

La glucosa es uno de los principales combustibles utilizados por el organismo. Su concentración en sangre está regulada mediante un equilibrio entre su entrada desde los alimentos, su almacenamiento, su producción por el propio organismo y su utilización por los tejidos.

Después de comer aumenta la disponibilidad de glucosa y el páncreas libera insulina. Esta hormona facilita que diferentes tejidos utilicen o almacenen esa glucosa y contribuye a regular su concentración en la sangre.

Pero una operación constituye una situación fisiológica diferente.

La cirugía, la enfermedad que ha llevado a ella, determinados medicamentos y las posibles complicaciones perioperatorias pueden modificar el metabolismo de la glucosa. Por eso una persona que habitualmente presenta valores normales puede desarrollar una elevación durante su hospitalización.

La hiperglucemia de estrés describe precisamente una elevación de la glucosa que aparece en relación con una enfermedad aguda o una agresión fisiológica, como puede ser una intervención quirúrgica, sin que esto equivalga automáticamente a tener diabetes.

¿Por qué una cirugía puede elevar la glucosa?

Para afrontar una intervención quirúrgica, el organismo activa diferentes mecanismos hormonales, inflamatorios y metabólicos.

Entre los cambios que pueden producirse se encuentran el aumento de hormonas contrarreguladoras —como cortisol, catecolaminas y glucagón— y modificaciones de diferentes mediadores inflamatorios. En conjunto, estos cambios pueden favorecer:

  • Una mayor producción y liberación de glucosa por el organismo.
  • Una menor sensibilidad temporal a la acción de la insulina.

Como resultado, puede coexistir una mayor disponibilidad de glucosa con una menor capacidad de determinados tejidos para utilizarla de la misma manera que antes de la intervención.

La glucemia puede entonces aumentar.

Estos mecanismos forman parte de un fenómeno fisiológico mucho más amplio denominado respuesta metabólica al estrés o a la agresión quirúrgica. Esta respuesta afecta a muchos otros procesos y no se limita al metabolismo de la glucosa.

Por ello, para comprender la hiperglucemia postoperatoria basta aquí con una idea:

la cirugía puede modificar temporalmente tanto la producción de glucosa como la sensibilidad del organismo a la insulina.

Si no estoy comiendo, ¿de dónde procede la glucosa?

Esta es una de las cuestiones más contraintuitivas.

Una persona puede llevar varias horas sin ingerir alimentos y, aun así, presentar glucosa elevada porque la glucosa sanguínea no procede exclusivamente de los alimentos que acabamos de consumir.

El organismo dispone de mecanismos para mantener disponible este combustible durante los periodos sin ingesta.

El hígado desempeña un papel fundamental.

Parte de la glucosa se almacena en forma de glucógeno. Cuando es necesario, ese glucógeno puede degradarse y contribuir a liberar glucosa a la circulación. Este proceso se denomina glucogenólisis.

Además, el organismo puede formar glucosa a partir de determinados precursores mediante otro proceso denominado gluconeogénesis.

Durante la respuesta al estrés quirúrgico puede aumentar la producción endógena de glucosa.

Por tanto:

Tener la glucosa elevada después de una operación no significa necesariamente que se haya consumido azúcar ni que esa glucosa proceda directamente de los alimentos.

¿Qué tiene que ver la insulina?

La insulina desempeña un papel fundamental en la regulación de la glucemia.

Después de una cirugía puede aparecer una reducción temporal de la sensibilidad a la insulina. Esto significa que determinados tejidos responden peor a su acción.

Es lo que se denomina resistencia a la insulina postoperatoria.

Este fenómeno está bien documentado después de intervenciones quirúrgicas y su intensidad puede variar según la magnitud de la operación y otras circunstancias clínicas.

No debe interpretarse automáticamente como la resistencia a la insulina que puede acompañar a trastornos metabólicos crónicos. En este contexto puede formar parte de la respuesta transitoria del organismo a la cirugía.

Gráfico sobre por qué sube la glucosa después de una cirugía digestiva

¿Hiperglucemia de estrés significa que tengo diabetes?

No necesariamente.

Encontrar una glucemia elevada durante una hospitalización no permite concluir por sí solo que una persona tenga diabetes.

Pueden existir situaciones diferentes:

  • Una persona con diabetes previamente conocida que presenta hiperglucemia durante el periodo perioperatorio.
  • Una persona que tenía diabetes todavía no diagnosticada antes de ingresar.
  • Una persona sin diabetes previa que desarrolla hiperglucemia de estrés durante la enfermedad o la cirugía.
  • Una elevación favorecida por medicamentos, nutrición artificial u otras circunstancias clínicas.

Distinguir entre estas situaciones requiere valorar el contexto clínico y no solamente una determinación aislada de glucosa.

¿Cómo pueden saber si la glucosa ya estaba elevada antes de la operación?

Una herramienta que puede ayudar es la hemoglobina glucosilada o HbA1c.

Mientras que una medición de glucosa refleja la concentración existente en un momento determinado, la HbA1c proporciona información sobre la exposición glucémica durante un periodo previo más prolongado.

Por este motivo puede ayudar a diferenciar una alteración que probablemente ya existía antes del ingreso de otra detectada por primera vez durante una situación aguda.

Las recomendaciones de la American Diabetes Association (ADA) de 2026 aconsejan determinar HbA1c en las personas hospitalizadas con diabetes o hiperglucemia cuando no existe un resultado disponible de los tres meses anteriores.

Esto no significa que la HbA1c pueda interpretarse aisladamente. Algunas situaciones clínicas pueden alterar su fiabilidad y el diagnóstico de diabetes requiere aplicar criterios diagnósticos establecidos.

¿Cuánto puede durar la hiperglucemia de estrés?

No existe una duración universal.

En muchas personas la alteración puede disminuir conforme se resuelve la situación que la desencadenó y avanza la recuperación. Sin embargo, la evolución depende de la magnitud de la intervención, la enfermedad de base, los medicamentos administrados y la aparición o no de complicaciones, entre otros factores.

Por ello es más correcto considerar la hiperglucemia de estrés como una alteración potencialmente transitoria que establecer un número concreto de horas o días aplicable a todos los pacientes.

Cuando la alteración persiste después de superar la situación aguda puede ser necesario valorar si existía previamente un trastorno del metabolismo de la glucosa.

¿Por qué importa controlar la glucosa después de una cirugía?

Numerosos estudios observacionales han encontrado una asociación entre hiperglucemia perioperatoria y peores resultados postoperatorios, tanto en personas con diabetes como en pacientes sin diabetes conocida.

En cirugía general y no cardiaca se han descrito asociaciones con mayor frecuencia de determinadas complicaciones, infecciones, prolongación de la estancia hospitalaria y mortalidad.

También existen datos específicamente procedentes de cirugía gastrointestinal y bariátrica que muestran asociaciones entre hiperglucemia perioperatoria y resultados adversos.

Sin embargo, esta información debe interpretarse correctamente:

Una asociación no demuestra que una elevación concreta de la glucosa sea por sí sola la causa de una complicación.

La hiperglucemia puede formar parte de una respuesta fisiológica más intensa y coexistir con otros factores relacionados con la gravedad de la enfermedad o de la intervención.

Por eso el objetivo clínico no consiste simplemente en conseguir que la glucosa sea lo más baja posible. Tanto la hiperglucemia como una reducción excesiva que provoque hipoglucemia pueden resultar problemáticas.

El control debe individualizarse.

¿Por qué me controlan la glucosa si no soy diabético?

Porque la alteración de la glucosa durante una hospitalización no es exclusiva de las personas con diabetes.

El equipo sanitario puede necesitar detectar una hiperglucemia, comprobar si persiste, observar su evolución o valorar la respuesta al tratamiento.

La ADA diferencia expresamente diferentes tipos de alteraciones glucémicas hospitalarias, entre ellas la diabetes previamente conocida, la diabetes de nuevo diagnóstico y la hiperglucemia de estrés.

Por tanto, que se realicen controles de glucosa durante el ingreso no implica por sí mismo que exista un diagnóstico de diabetes.

¿Pueden administrarme insulina aunque no tenga diabetes?

Sí.

La insulina no se utiliza exclusivamente como tratamiento crónico de la diabetes. También puede emplearse en el hospital para controlar una hiperglucemia persistente cuando está clínicamente indicado.

Por ello:

Recibir insulina temporalmente durante una hospitalización no significa automáticamente que una persona haya desarrollado diabetes.

Las recomendaciones actuales sobre hiperglucemia hospitalaria establecen cuándo debe considerarse tratamiento y cuáles son los objetivos glucémicos, diferenciando además entre pacientes críticos y no críticos.

Pero estos valores son objetivos clínicos hospitalarios, no cifras para que un paciente modifique por su cuenta su alimentación o tratamiento.

La administración y ajuste de insulina corresponde al equipo sanitario porque un tratamiento excesivamente intensivo puede producir hipoglucemia.

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¿Entonces debería evitar los carbohidratos después de la operación?

No puede extraerse esa conclusión de la existencia de hiperglucemia de estrés.

Si la glucemia postoperatoria dependiera exclusivamente de los carbohidratos ingeridos, sería difícil explicar por qué puede aumentar incluso cuando una persona permanece en ayunas.

Como hemos visto, el organismo puede producir glucosa y liberarla a la circulación, mientras que la cirugía puede reducir temporalmente la sensibilidad a la insulina.

Por tanto:

Hiperglucemia de estrés no significa que los carbohidratos sean por sí mismos la causa del problema ni que deban eliminarse de la alimentación.

La estrategia nutricional después de una cirugía debe tener en cuenta la intervención realizada, la tolerancia digestiva, el estado nutricional, las necesidades energéticas y proteicas y la situación metabólica.

Si existe hiperglucemia, diabetes u otra alteración metabólica, el equipo sanitario puede adaptar tanto el tratamiento como la estrategia nutricional.

Eliminar alimentos o grupos completos de alimentos por iniciativa propia después de una cirugía puede dificultar alcanzar una ingesta adecuada, especialmente cuando la capacidad para comer ya está comprometida.

¿Y qué ocurre con las bebidas de carbohidratos antes de una cirugía?

Puede parecer contradictorio que se vigile la glucosa alrededor de una intervención y, al mismo tiempo, algunos protocolos utilicen bebidas con carbohidratos antes de la cirugía gástrica.

Son cuestiones relacionadas, pero no equivalentes.

Las estrategias modernas de recuperación perioperatoria han estudiado la administración preoperatoria de carbohidratos en pacientes seleccionados, entre otros motivos por sus posibles efectos sobre la resistencia a la insulina inducida por la cirugía.

Su utilización depende del procedimiento, del paciente y del protocolo establecido. No significa que cualquier persona que vaya a operarse deba beber carbohidratos ni que pueda utilizar cualquier bebida azucarada.

Este tema se desarrolla específicamente en Bebida de carbohidratos antes de una cirugía gástrica: qué es y para qué se utiliza.

¿Todas las cirugías producen la misma alteración de la glucosa?

No.

La magnitud de la respuesta metabólica no es idéntica después de todas las intervenciones.

Estudios fisiológicos clásicos han demostrado que la resistencia postoperatoria a la insulina puede aparecer incluso después de cirugía electiva relativamente menor y que su intensidad puede ser mayor después de intervenciones de mayor magnitud.

En cirugía digestiva existe además una enorme heterogeneidad. Una gastrectomía, una esofagectomía, una resección intestinal, una intervención colorrectal o una cirugía hepatopancreatobiliar no representan necesariamente la misma agresión fisiológica.

También pueden influir:

  • El metabolismo previo de la persona.
  • La presencia de diabetes o prediabetes.
  • La enfermedad que ha motivado la intervención.
  • La magnitud y duración de la cirugía.
  • Determinados medicamentos.
  • El estado nutricional.
  • La aparición de infección u otras complicaciones.
  • La evolución clínica posterior.

Por tanto, no existe una respuesta glucémica idéntica para todos los pacientes.

La glucosa es solo una parte de los cambios metabólicos después de una cirugía.

La alteración del metabolismo de la glucosa no sucede de forma aislada.

Una intervención quirúrgica desencadena una respuesta fisiológica compleja que afecta a diferentes vías metabólicas. La resistencia a la insulina y la hiperglucemia son solamente algunas de sus manifestaciones.

Este conjunto de cambios forma parte de la denominada respuesta metabólica al estrés quirúrgico.

En este artículo no se desarrolla este fenómeno porque comprende procesos mucho más amplios que la regulación de la glucosa. Su relación con el metabolismo energético, las proteínas corporales y la recuperación después de una intervención merece un contenido específico.

Próximamente: Respuesta metabólica al estrés quirúrgico: qué ocurre en el organismo después de una operación.

¿Qué relación puede existir con la masa muscular?

El músculo esquelético no solo permite mantener la fuerza y el movimiento. También desempeña un papel fundamental en el metabolismo de la glucosa.

Después de una comida, la insulina facilita la entrada de glucosa en las células musculares mediante transportadores como GLUT4. Una vez dentro del músculo, esa glucosa puede utilizarse como fuente de energía o almacenarse en forma de glucógeno. De hecho, el músculo esquelético constituye uno de los principales lugares de captación de glucosa del organismo y es el tejido predominante en la eliminación de glucosa estimulada por la insulina.

Esto ayuda a comprender mejor lo que puede ocurrir después de una cirugía digestiva.

Como parte de la respuesta a la intervención puede aparecer resistencia a la insulina también en el músculo esquelético. En esas circunstancias, la insulina pierde parte de su capacidad para estimular la entrada y el almacenamiento de glucosa en el músculo. Al mismo tiempo, el organismo puede estar aumentando la producción de glucosa. La combinación de ambos fenómenos contribuye a explicar por qué la glucemia puede elevarse durante el periodo postoperatorio.

La relación entre músculo y glucosa tiene además otra dimensión. Después de una cirugía importante pueden coexistir inflamación, menor ingesta, inmovilidad y cambios metabólicos que favorezcan la pérdida de tejido muscular. Una menor cantidad de músculo supone también una reducción de uno de los principales tejidos implicados en la utilización de glucosa, aunque la relación entre masa muscular, sensibilidad a la insulina y glucemia es compleja y no puede reducirse únicamente a cuánto músculo tiene una persona.

Por ello, hiperglucemia, resistencia a la insulina y pérdida de masa muscular son fenómenos relacionados metabólicamente, pero no equivalentes. Una glucemia elevada después de una intervención no significa que el paciente haya desarrollado sarcopenia, del mismo modo que la presencia de sarcopenia no implica necesariamente hiperglucemia.

Esta conexión ayuda a entender por qué conservar la función y la masa muscular tiene importancia metabólica además de funcional durante el proceso quirúrgico. La pérdida muscular y sus consecuencias en cirugía digestiva se desarrollan con mayor profundidad en Sarcopenia en cirugía intestinal en EII: ¿por qué es clínicamente importante?

¿Puede afectar la hiperglucemia a la cicatrización después de una cirugía digestiva?

La glucosa elevada alrededor de una intervención no es solamente un dato que aparece en los análisis. También puede estar relacionada con algunas complicaciones importantes durante la recuperación.

Una de ellas es la infección del sitio quirúrgico, es decir, la infección que puede aparecer en la zona intervenida. La guía de práctica clínica de 2024 de la American Society of Colon and Rectal Surgeons (ASCRS) señala que la hiperglucemia el día de la operación y durante el periodo inmediatamente posterior puede aumentar el riesgo de infección después de una cirugía colorrectal. Por este motivo, el control de la glucosa forma parte de los aspectos que deben vigilarse durante el periodo perioperatorio.

En algunas operaciones digestivas existe además otra cuestión especialmente importante: la cicatrización de las anastomosis. Una anastomosis es la unión que realiza el cirujano entre dos segmentos del aparato digestivo, por ejemplo después de extirpar una parte del intestino. Esa unión debe cicatrizar correctamente para evitar que pueda abrirse y dejar escapar contenido intestinal, una complicación conocida como fuga o fallo anastomótico.

La misma guía recoge estudios en los que los pacientes con hiperglucemia durante los primeros días después de una cirugía colorrectal presentaron también una mayor frecuencia de fallo anastomótico. Esto no significa que una glucosa elevada vaya a provocar necesariamente que una anastomosis falle, ni que sea la única causa. La correcta cicatrización de estas uniones depende de numerosos factores relacionados con el paciente, su estado nutricional, los tejidos y la propia intervención.

Por tanto, mantener un adecuado control de la glucosa es uno de los aspectos que pueden contribuir a reducir riesgos durante la recuperación quirúrgica, junto con muchas otras medidas. La hiperglucemia perioperatoria se relaciona especialmente con un mayor riesgo de infección y, en cirugía colorrectal, también se ha asociado con problemas en la cicatrización de las anastomosis.

La relación global entre nutrición, reparación de los tejidos y cicatrización se desarrolla específicamente en Nutrición y cicatrización después de la cirugía digestiva: qué comer y qué dice la evidencia.

Gráfico sobre glucosa elevada después de una cirugía digestiva y su relación con infección y fallo anastomótico

¿Cuándo puede necesitarse una valoración después del alta?

Una elevación de glucosa durante una intervención no permite por sí sola diagnosticar diabetes.

Sin embargo, una hiperglucemia detectada durante el ingreso puede justificar seguimiento posterior según sus características y el contexto del paciente.

Las recomendaciones actuales de la ADA contemplan precisamente la planificación del seguimiento después del alta en las personas que han presentado hiperglucemia durante la hospitalización.

El objetivo es diferenciar una alteración relacionada con la situación aguda de un trastorno del metabolismo de la glucosa que ya existiera previamente o que necesite evaluación posterior.

La necesidad y el momento de realizar nuevas determinaciones deben individualizarse por el equipo sanitario.

Ideas principales.

La glucosa puede aumentar durante o después de una cirugía aunque una persona no tenga diabetes conocida.

La intervención puede aumentar temporalmente la producción de glucosa y reducir la sensibilidad de determinados tejidos a la insulina. Cuando esta alteración aparece asociada a la situación aguda puede hablarse de hiperglucemia de estrés.

Estar en ayunas no impide que aumente la glucemia, porque el organismo dispone de mecanismos para producir y liberar glucosa independientemente de la alimentación.

Una glucemia elevada durante el ingreso no equivale automáticamente a un diagnóstico de diabetes. El contexto clínico, la evolución de las glucemias y pruebas como la HbA1c pueden ayudar a determinar qué está ocurriendo.

La hiperglucemia perioperatoria se ha asociado con peores resultados postoperatorios, aunque una asociación estadística no demuestra que una determinada elevación de glucosa sea por sí sola responsable de una complicación.

Una persona sin diabetes también puede necesitar temporalmente insulina durante una hospitalización si existe una indicación clínica.

Finalmente, la hiperglucemia postoperatoria no constituye por sí misma una razón para eliminar los carbohidratos de la alimentación. La nutrición después de una cirugía debe adaptarse a la situación clínica y nutricional individual.

Aviso:

Este artículo tiene finalidad exclusivamente educativa y divulgativa y no sustituye la valoración ni las indicaciones del equipo sanitario. La glucemia durante y después de una cirugía debe interpretarse según la situación clínica de cada paciente. No modifiques por tu cuenta la alimentación, la medicación o el tratamiento con insulina basándote en esta información.


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