
Introducción
La desnutrición es una de las complicaciones más frecuentes y menos reconocidas en los pacientes sometidos a cirugía digestiva. Puede aparecer antes de la intervención debido a enfermedades como el cáncer digestivo o la enfermedad inflamatoria intestinal, pero también después de la cirugía como consecuencia de complicaciones, dificultades para alimentarse o una recuperación prolongada.
En este contexto, recuperar el estado nutricional suele ser una prioridad. Sin embargo, volver a comer o reiniciar una terapia nutricional después de un periodo prolongado de ingesta insuficiente no siempre está exento de riesgos.
Existe una complicación poco conocida denominada síndrome de realimentación, un conjunto de alteraciones metabólicas potencialmente graves que pueden aparecer durante los primeros días tras la reintroducción de alimentos o soporte nutricional en personas con desnutrición o riesgo nutricional elevado.
Aunque se considera una complicación poco frecuente, su importancia radica en que puede afectar a múltiples órganos y, en casos graves, comprometer la función cardíaca, respiratoria o neurológica.
Por este motivo, tanto ASPEN como ESPEN destacan la importancia de identificar a los pacientes de riesgo y realizar una reintroducción nutricional cuidadosamente planificada.
¿Qué es el síndrome de realimentación?
El síndrome de realimentación es un conjunto de alteraciones metabólicas y electrolíticas que puede aparecer cuando una persona que ha estado recibiendo muy poca energía durante varios días o semanas vuelve a recibir calorías.
Según el consenso de ASPEN, el síndrome de realimentación se caracteriza principalmente por descensos de fósforo, potasio y magnesio que aparecen durante los primeros cinco días tras la reintroducción de calorías. En los casos más graves también puede asociarse a alteraciones orgánicas y deficiencia de tiamina (vitamina B1).
Es importante entender que el problema no surge porque la persona vuelva a alimentarse, sino porque el organismo pasa bruscamente de un estado de ahorro energético a un estado de utilización activa de nutrientes.
Esta situación puede producirse tras:
- Alimentación oral.
- Nutrición enteral mediante sonda.
- Nutrición parenteral.
- Administración de soluciones intravenosas con glucosa.
Por tanto, el síndrome de realimentación no depende únicamente de los alimentos sólidos, sino de la reintroducción de energía al organismo.
¿Por qué ocurre?
Para comprender el síndrome de realimentación es útil entender qué sucede durante la desnutrición.
Cuando una persona permanece durante días o semanas con una ingesta insuficiente, el organismo entra progresivamente en un estado de adaptación metabólica. Durante este periodo utiliza reservas energéticas y reduce el gasto de recursos para mantener funciones esenciales.
A medida que la desnutrición progresa, disminuyen las reservas corporales de:
- Fósforo.
- Potasio.
- Magnesio.
- Vitaminas, especialmente tiamina.
ASPEN señala que estas pérdidas pueden agravarse todavía más cuando existen diarreas, vómitos, drenajes digestivos, fístulas o pérdidas intestinales prolongadas.
Cuando vuelven a administrarse calorías, especialmente hidratos de carbono, aumenta la producción de insulina.
La insulina favorece la entrada de glucosa en las células, pero también provoca que minerales como el fósforo y el potasio se desplacen desde la sangre hacia el interior celular.
Si las reservas corporales ya estaban agotadas, los niveles sanguíneos pueden disminuir rápidamente.
Esta caída puede afectar a numerosos órganos porque estos minerales participan en funciones esenciales como:
- Producción de energía.
- Contracción muscular.
- Función cardíaca.
- Función respiratoria.
- Transmisión nerviosa.
ASPEN destaca especialmente el papel del fósforo, ya que forma parte del ATP, la principal molécula de almacenamiento energético del organismo. La disminución importante de fósforo puede contribuir a insuficiencia respiratoria y alteraciones cardíacas graves.
¿Quién tiene mayor riesgo?
El síndrome de realimentación no afecta únicamente a personas extremadamente delgadas.
De hecho, una de las ideas más importantes de los documentos de ASPEN es que el riesgo depende principalmente del estado nutricional y de la historia reciente de ingesta, no únicamente del peso corporal.
Entre los factores asociados a un mayor riesgo se encuentran:
- Pérdida importante de peso involuntaria.
- Ingestas muy reducidas durante varios días o semanas.
- Desnutrición diagnosticada.
- Déficits de vitaminas y minerales.
- Enfermedades oncológicas.
- Trastornos de absorción intestinal.
- Vómitos persistentes.
- Diarrea prolongada.
- Necesidad de soporte nutricional artificial tras un periodo de ayuno o ingesta insuficiente.
Por este motivo, la valoración nutricional debe formar parte de la atención habitual de los pacientes con cirugía digestiva.
¿En qué situaciones de cirugía digestiva puede aparecer?
La cirugía digestiva engloba enfermedades y procedimientos muy diferentes. Sin embargo, muchas de ellas comparten un elemento común: el riesgo de desnutrición.
Cirugía bariátrica.
Puede parecer sorprendente que una persona con obesidad pueda desarrollar síndrome de realimentación.
Sin embargo, ASPEN dedica un apartado específico a la cirugía bariátrica porque se han descrito casos de síndrome de realimentación en pacientes sometidos a este tipo de procedimientos.
El riesgo puede aumentar cuando aparecen situaciones como:
- Vómitos persistentes.
- Diarrea prolongada.
- Malabsorción.
- Ingestas muy reducidas durante largos periodos.
- Déficits vitamínicos y minerales.
- Pérdidas rápidas de peso.
Por ello, mantener un índice de masa corporal elevado no excluye automáticamente el riesgo nutricional.
Este aspecto resulta especialmente importante porque algunos pacientes bariátricos pueden presentar desnutrición significativa a pesar de seguir teniendo sobrepeso u obesidad.
Cáncer digestivo y cirugía gastrointestinal superior.
Los tumores de esófago, estómago y páncreas suelen asociarse a una elevada prevalencia de desnutrición.
La dificultad para alimentarse, la pérdida de apetito, la inflamación asociada al cáncer y la pérdida involuntaria de peso pueden deteriorar progresivamente el estado nutricional.
Las guías ESPEN consideran prioritario detectar y tratar la desnutrición en estos pacientes debido a su relación con las complicaciones postoperatorias.
Cuando la alimentación se reinicia tras la cirugía o mediante soporte nutricional especializado, la vigilancia del riesgo de síndrome de realimentación adquiere una importancia especial.
Enfermedad de Crohn y resecciones intestinales.
La enfermedad de Crohn puede favorecer la desnutrición por múltiples mecanismos:
- Inflamación crónica.
- Dolor abdominal.
- Restricciones alimentarias.
- Diarrea.
- Malabsorción.
- Estenosis intestinales.
Algunos pacientes llegan a la cirugía tras meses de deterioro nutricional.
Tras una resección intestinal, especialmente cuando existen pérdidas digestivas o dificultades para cubrir las necesidades energéticas, puede ser necesario recurrir a nutrición enteral o parenteral.
En estas circunstancias, la prevención del síndrome de realimentación forma parte del manejo nutricional seguro.
Síndrome de intestino corto e insuficiencia intestinal.
ESPEN identifica a los pacientes con insuficiencia intestinal y síndrome de intestino corto como candidatos frecuentes a soporte nutricional especializado.
Cuando existe una reducción importante de la capacidad de absorción intestinal, la recuperación nutricional suele requerir estrategias individualizadas y una monitorización estrecha.
La reintroducción rápida de nutrientes en pacientes gravemente desnutridos puede aumentar el riesgo de alteraciones compatibles con síndrome de realimentación.
Complicaciones postoperatorias graves.
No todos los pacientes desarrollan riesgo nutricional antes de la cirugía.
Algunas complicaciones postoperatorias pueden provocar:
- Ayunos prolongados.
- Fístulas digestivas.
- Infecciones graves.
- Reintervenciones.
- Estancias prolongadas en unidades de cuidados intensivos.
En estas situaciones puede ser necesario utilizar nutrición enteral o parenteral para cubrir las necesidades nutricionales.
La recuperación nutricional es fundamental, pero debe realizarse de forma progresiva y supervisada para minimizar riesgos.
¿Cuáles son los síntomas?
Uno de los principales desafíos del síndrome de realimentación es que sus manifestaciones pueden ser poco específicas durante las fases iniciales.
Algunos pacientes pueden presentar síntomas leves o incluso no experimentar molestias evidentes al comienzo del proceso. Por este motivo, la monitorización analítica desempeña un papel fundamental en las personas con riesgo nutricional elevado.
Cuando aparecen síntomas, estos pueden incluir:
- Debilidad intensa.
- Fatiga marcada.
- Mareos.
- Calambres musculares.
- Hormigueos o alteraciones de la sensibilidad.
- Hinchazón o retención de líquidos.
- Palpitaciones.
- Falta de aire.
- Dificultad para concentrarse.
- Confusión.
La gravedad de los síntomas depende del grado de alteración de los electrolitos y de la rapidez con la que se produzcan los cambios metabólicos.
Por esta razón, los profesionales sanitarios suelen prestar especial atención a la evolución clínica durante los primeros días tras reiniciar la alimentación o el soporte nutricional.
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¿Qué complicaciones puede producir?
Aunque muchas alteraciones pueden corregirse si se detectan precozmente, el síndrome de realimentación tiene el potencial de afectar a múltiples órganos.
ASPEN destaca que las alteraciones de fósforo, potasio, magnesio y tiamina pueden repercutir sobre sistemas esenciales del organismo.
Entre las complicaciones descritas se encuentran:
Complicaciones cardíacas.
El corazón depende de un equilibrio adecuado de minerales para funcionar correctamente.
Las alteraciones importantes pueden favorecer:
- Arritmias.
- Cambios en el electrocardiograma.
- Disminución de la capacidad de contracción cardíaca.
- Insuficiencia cardíaca en situaciones graves.
Complicaciones respiratorias.
El fósforo es fundamental para la producción de energía muscular.
Cuando sus niveles disminuyen de forma importante, los músculos respiratorios pueden debilitarse.
ASPEN señala que la hipofosfatemia grave puede contribuir a insuficiencia respiratoria aguda.
Complicaciones neurológicas.
Las alteraciones electrolíticas y el déficit de tiamina pueden provocar:
- Confusión.
- Alteraciones cognitivas.
- Problemas de coordinación.
- Convulsiones en casos graves.
Retención de líquidos.
Durante la realimentación también pueden producirse cambios importantes en el equilibrio hídrico del organismo.
Esto puede favorecer:
- Edemas.
- Aumento rápido de peso por líquidos.
- Sobrecarga circulatoria en pacientes vulnerables.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico no se basa únicamente en los síntomas.
Según ASPEN, el síndrome de realimentación debe sospecharse en pacientes con riesgo nutricional que presentan alteraciones metabólicas durante los primeros días tras reiniciar la alimentación.
El consenso ASPEN propone clasificar la gravedad según el descenso de los niveles sanguíneos de:
- Fósforo.
- Potasio.
- Magnesio.
Estos cambios deben producirse dentro de los cinco primeros días tras la reintroducción de calorías.
Por este motivo, los análisis de sangre forman parte esencial de la vigilancia de los pacientes con riesgo elevado.
La evaluación suele incluir:
- Fósforo.
- Potasio.
- Magnesio.
- Glucosa.
- Función renal.
- Estado de hidratación.
- Signos clínicos compatibles.
¿Cómo se previene?
La prevención constituye la herramienta más eficaz frente al síndrome de realimentación.
Tanto ASPEN como ESPEN coinciden en que identificar precozmente a los pacientes de riesgo resulta fundamental para evitar complicaciones.
1. Identificar el riesgo antes de iniciar la terapia nutricional.
La valoración nutricional permite detectar:
- Desnutrición.
- Pérdida de peso significativa.
- Déficits de micronutrientes.
- Ayunos prolongados.
- Situaciones de riesgo metabólico.
Este paso es especialmente importante en pacientes sometidos a cirugía digestiva mayor.
2. Corregir déficits cuando sea posible.
Siempre que la situación clínica lo permita, deben corregirse las alteraciones nutricionales y los déficits de vitaminas y minerales.
La tiamina merece una atención especial debido a su papel en el metabolismo energético.
3. Incrementar la nutrición de forma progresiva.
Una de las recomendaciones más importantes de ESPEN es evitar aumentos bruscos de la administración de nutrientes en pacientes de alto riesgo.
La guía recomienda iniciar la nutrición enteral a velocidades bajas y aumentarla progresivamente durante varios días mientras se vigilan los electrolitos y la tolerancia clínica.
Este enfoque busca reducir el riesgo de:
- Hipofosfatemia.
- Hipopotasemia.
- Hipomagnesemia.
- Déficit de vitamina B1.
4. Monitorizar estrechamente.
La vigilancia clínica y analítica es especialmente importante durante los primeros días.
El objetivo es detectar alteraciones antes de que aparezcan complicaciones graves.
¿Qué papel tienen la nutrición enteral y la nutrición parenteral?
La nutrición enteral y la nutrición parenteral son herramientas fundamentales en la cirugía digestiva moderna.
Sin embargo, ninguna de ellas elimina el riesgo de síndrome de realimentación.
De hecho, el riesgo puede aparecer independientemente de la vía utilizada para aportar nutrientes.
Nutrición enteral.
ESPEN recomienda iniciar la nutrición enteral de forma progresiva en pacientes con riesgo elevado de síndrome de realimentación.
Este enfoque es especialmente relevante en pacientes con:
- Desnutrición importante.
- Cáncer digestivo.
- Cirugía gastrointestinal mayor.
- Complicaciones postoperatorias.
- Enfermedad inflamatoria intestinal.
Nutrición parenteral.
La nutrición parenteral puede ser necesaria cuando el aparato digestivo no puede utilizarse adecuadamente.
Esto puede ocurrir en situaciones como:
- Obstrucciones digestivas.
- Fístulas complejas.
- Insuficiencia intestinal.
- Síndrome de intestino corto.
- Complicaciones postoperatorias graves.
Aunque puede resultar imprescindible para la recuperación nutricional, también requiere una monitorización cuidadosa del riesgo metabólico.
Preguntas frecuentes.
¿Cómo evitar el síndrome de realimentación?
La mejor estrategia consiste en identificar a los pacientes de riesgo, corregir déficits nutricionales, iniciar la alimentación de forma gradual y monitorizar estrechamente los electrolitos.
¿Cuándo suele aparecer?
Generalmente durante los primeros cinco días tras la reintroducción de calorías.
¿Puede aparecer aunque una persona tenga obesidad?
Sí.
ASPEN describe casos en pacientes sometidos a cirugía bariátrica con obesidad persistente. El riesgo depende del estado nutricional y de la historia reciente de ingesta, no únicamente del peso corporal.
¿Puede aparecer con nutrición enteral o parenteral?
Sí.
El síndrome de realimentación puede desarrollarse tras la reintroducción de calorías por vía oral, enteral o parenteral.
¿Es una complicación frecuente?
No se considera una complicación frecuente, pero sí potencialmente grave cuando no se identifica a tiempo.
¿Puede prevenirse?
En muchos casos sí.
La detección precoz del riesgo y una progresión adecuada de la terapia nutricional permiten reducir significativamente la probabilidad de complicaciones.
Conclusión.
El síndrome de realimentación es una complicación metabólica poco conocida pero potencialmente grave que puede aparecer cuando una persona con desnutrición o ingesta insuficiente prolongada vuelve a recibir calorías.
En cirugía digestiva, el riesgo puede observarse en múltiples escenarios, incluyendo la cirugía bariátrica, el cáncer digestivo, la enfermedad de Crohn, las resecciones intestinales extensas, el síndrome de intestino corto y determinadas complicaciones postoperatorias.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, puede prevenirse mediante una valoración nutricional adecuada, una progresión cuidadosa de la terapia nutricional y una monitorización estrecha durante los primeros días de recuperación.
Por este motivo, la identificación precoz del riesgo y el seguimiento por parte del equipo sanitario constituyen herramientas esenciales para una recuperación nutricional segura.
Nota.
Este contenido es informativo y no sustituye la valoración médica o nutricional individualizada.
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