
Las ostomías intestinales modifican el recorrido habitual del contenido digestivo. Después de la intervención, las heces dejan de avanzar por una parte del intestino y salen al exterior a través de una abertura creada quirúrgicamente en el abdomen. Sin embargo, no todas las ostomías tienen las mismas consecuencias sobre la digestión, la absorción de nutrientes o la hidratación.
Una persona con una colostomía puede mantener una función digestiva muy próxima a la anterior a la cirugía. En cambio, determinados pacientes con ileostomía o yeyunostomía pueden presentar mayores pérdidas de agua y electrolitos, especialmente cuando también se ha extirpado una parte importante del intestino.
En este artículo explicamos qué tipos de ostomías intestinales existen, cómo cambia el funcionamiento del aparato digestivo después de la operación y qué consecuencias nutricionales pueden aparecer, de acuerdo con las recomendaciones clínicas de ESPEN, los consensos de dietética clínica y la evidencia científica disponible [1–5].
¿Qué es una ostomía intestinal?
Una ostomía intestinal es una intervención quirúrgica mediante la cual se exterioriza una porción del intestino a través de la pared abdominal, creando una abertura denominada estoma.
A través de esta abertura se elimina el contenido intestinal, que habitualmente se recoge en una bolsa adherida a la piel.
La ostomía puede ser necesaria cuando una parte del intestino debe extirparse, mantenerse temporalmente sin paso de heces o dejar de participar de forma definitiva en el tránsito intestinal.
Entre las enfermedades y situaciones que pueden requerirla se encuentran el cáncer colorrectal, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa, la diverticulitis complicada, determinadas obstrucciones intestinales, las perforaciones y algunas lesiones traumáticas.
En la colitis ulcerosa, la cirugía puede implicar una colectomía, la creación de una ileostomía o una reconstrucción del tránsito intestinal. Las diferentes posibilidades se explican en nuestro artículo sobre cirugía en la colitis ulcerosa: cuándo es necesaria y qué opciones existen.
Es importante distinguir tres conceptos:
- Ostomía: procedimiento quirúrgico por el que se crea una comunicación del intestino con el exterior.
- Estoma: abertura intestinal visible en la superficie abdominal.
- Bolsa de ostomía: dispositivo utilizado para recoger el contenido eliminado a través del estoma.
Cuando se exterioriza el intestino delgado hablamos de ileostomía o yeyunostomía, según el segmento utilizado. Cuando se exterioriza el intestino grueso hablamos de colostomía.
La presencia de un estoma no significa necesariamente que se haya extirpado una gran cantidad de intestino. Algunas ostomías se realizan precisamente para desviar temporalmente el tránsito y proteger una zona intervenida, sin necesidad de resecar grandes segmentos intestinales.
Esta diferencia es fundamental para comprender sus consecuencias nutricionales.
¿Cuáles son los principales tipos de ostomías intestinales?
La clasificación depende principalmente del segmento intestinal que se comunica con el exterior.
Ileostomía: cuando se exterioriza el intestino delgado.
La ileostomía se realiza utilizando el íleon, que constituye la porción final del intestino delgado.
En condiciones habituales, el contenido digestivo pasa desde el intestino delgado al colon, donde continúa la recuperación de agua y electrolitos antes de formar las heces.
Cuando existe una ileostomía, el contenido intestinal sale al exterior sin recorrer el colon situado después del estoma.
Por esta razón, su consistencia suele ser líquida o pastosa y contiene una proporción de agua mayor que las heces formadas.
La principal diferencia nutricional respecto a una colostomía es el mayor potencial de pérdidas de agua y sodio, aunque su importancia depende del funcionamiento y de la longitud del intestino conservado.
Una ileostomía no implica, por sí misma, que la absorción de proteínas, grasas, hidratos de carbono o vitaminas sea insuficiente.
Si se conserva una longitud adecuada de intestino delgado y no existen otras alteraciones importantes, la absorción de la mayoría de los nutrientes puede mantenerse.
Por otra parte, el íleon terminal participa en la absorción de vitamina B12 y de los ácidos biliares. Cuando este segmento se reseca o presenta enfermedad, pueden aparecer alteraciones específicas, independientemente de que exista o no una ostomía.
Colostomía: cuando se exterioriza el intestino grueso.
Una colostomía consiste en exteriorizar una parte del colon a través de la pared abdominal.
El contenido intestinal continúa recorriendo el intestino delgado y una porción variable del colon antes de salir por el estoma.
Las consecuencias dependen de la localización de la colostomía y de la longitud del colon que permanece funcional.
Por ejemplo, una colostomía situada en el colon ascendente suele eliminar contenido menos formado que otra localizada en el colon descendente o sigmoide.
Esto se explica porque el colon participa en la recuperación del agua y los electrolitos presentes en el contenido intestinal.
Cuanto mayor sea el trayecto colónico funcional antes del estoma, mayor suele ser la oportunidad de recuperar agua y formar heces más consistentes.
En muchas personas con colostomía, especialmente si conservan la totalidad del intestino delgado y una parte importante del colon, la absorción de nutrientes se mantiene suficientemente conservada y no es necesaria una dieta restrictiva permanente.
No obstante, las resecciones asociadas, la enfermedad que motivó la cirugía y las complicaciones posoperatorias pueden modificar esta situación.
Yeyunostomía: una ostomía con posibles consecuencias nutricionales importantes.
La yeyunostomía intestinal se realiza cuando una porción del yeyuno se exterioriza como estoma.
El yeyuno es un segmento del intestino delgado situado antes del íleon y participa de forma importante en la absorción de numerosos nutrientes.
Cuando el tránsito digestivo termina en una yeyunostomía, especialmente si se ha resecado una longitud considerable de intestino, pueden producirse pérdidas elevadas de líquidos y electrolitos, además de una reducción de la capacidad de absorción.
Estos pacientes pueden necesitar estrategias de hidratación específicas, suplementación y, en determinadas circunstancias, nutrición parenteral.
Sin embargo, no todas las yeyunostomías implican insuficiencia intestinal. Las consecuencias dependen de la anatomía funcional restante.
Una precisión: una yeyunostomía intestinal utilizada para eliminar contenido digestivo no debe confundirse con una yeyunostomía de alimentación, que permite administrar nutrición enteral directamente al intestino delgado.
Diferencias entre ileostomía, colostomía y yeyunostomía.
| Característica | Ileostomía | Colostomía | Yeyunostomía intestinal |
|---|---|---|---|
| Segmento exteriorizado | Íleon | Colon | Yeyuno |
| Contenido habitual | Líquido o pastoso | Pastoso o formado, según localización | Habitualmente líquido |
| Paso por el colon distal | No | Parcial, según ubicación | No |
| Riesgo de pérdidas de agua y sodio | Relevante, variable | Generalmente menor | Puede ser elevado |
| Riesgo de malabsorción | Depende del intestino conservado y de las resecciones | Habitualmente bajo si el intestino delgado está íntegro | Potencialmente importante |
| Seguimiento nutricional | Individualizado | Individualizado | Puede requerir atención especializada |
Estas diferencias son orientativas. La anatomía intestinal restante, las resecciones asociadas y el funcionamiento del estoma pueden modificar considerablemente cada situación clínica.

Ostomías temporales y definitivas: ¿qué diferencias existen?
Las ostomías también se clasifican según la posibilidad de recuperar posteriormente el tránsito intestinal habitual.
Ostomía temporal.
Una ostomía temporal se crea con la intención de restablecer la continuidad del intestino mediante una intervención posterior, siempre que las condiciones clínicas lo permitan.
Por ejemplo, después de determinadas operaciones colorrectales, puede realizarse una ileostomía temporal para desviar el contenido intestinal mientras cicatriza una anastomosis, es decir, la unión quirúrgica entre dos segmentos del tubo digestivo.
Durante este periodo, el intestino situado después del estoma recibe poco o ningún contenido fecal.
Cuando la reconstrucción resulta viable, puede realizarse una segunda intervención para cerrar la ostomía.
En determinadas intervenciones por colitis ulcerosa puede construirse un reservorio ileoanal (J-pouch) y utilizarse una ileostomía temporal mientras cicatriza la reconstrucción. La adaptación digestiva y nutricional tras la puesta en funcionamiento del reservorio se explica en nutrición con reservorio ileoanal (J-pouch) después de la cirugía por colitis ulcerosa.
Aunque la ostomía sea temporal, durante el tiempo que permanece abierta pueden aparecer problemas de hidratación, alteraciones del débito o dificultades para cubrir las necesidades nutricionales.
Por tanto, temporal no significa que carezca de consecuencias nutricionales.
Ostomía definitiva.
Una ostomía definitiva se realiza cuando no está previsto restablecer la continuidad intestinal.
Puede ser necesaria después de determinadas intervenciones por cáncer de recto, colitis ulcerosa u otras enfermedades que obligan a extirpar el recto, el ano o segmentos intestinales que impiden reconstruir el tránsito.
En estos pacientes, la adaptación dietética y el seguimiento se plantean a largo plazo.
Sin embargo, tener una ostomía definitiva no significa necesitar suplementos o dietas especiales durante toda la vida.
Una persona con una colostomía definitiva y buena función intestinal puede mantener una alimentación habitual y variada. En cambio, otra con una ostomía temporal puede presentar pérdidas importantes de líquidos y precisar una intervención nutricional intensiva.
La duración prevista de la ostomía no determina por sí sola su repercusión nutricional.
Ostomía terminal y ostomía en asa: ¿cómo cambia la anatomía?
Otra distinción importante es la configuración quirúrgica.
Ostomía terminal.
En una ostomía terminal se exterioriza el extremo de un segmento intestinal, generalmente después de dividir el intestino.
El extremo distal puede haber sido extirpado, cerrado y dejado dentro del abdomen o tratado mediante otra configuración quirúrgica.
Este tipo de ostomía puede ser temporal o definitiva, dependiendo del procedimiento realizado.
Un ejemplo es la colostomía terminal que puede crearse después de una intervención de Hartmann.
Ostomía en asa.
En una ostomía en asa se exterioriza un segmento intestinal en forma de asa y se crea una abertura que habitualmente permite identificar dos luces: una proximal, por la que sale la mayor parte del contenido intestinal, y otra distal, que comunica con el segmento excluido del tránsito.
Suele utilizarse para desviar temporalmente el contenido digestivo, aunque también existen otras indicaciones.
La anatomía resultante puede influir en la eliminación de secreciones y en el funcionamiento intestinal.
Desde el punto de vista nutricional, no debe asumirse que una ostomía en asa provoca menos problemas que una terminal.
La localización del estoma, el intestino funcional conservado y las características del débito siguen siendo factores decisivos.
¿Cómo influye una ostomía en la digestión y la absorción de nutrientes?
Para comprender las consecuencias nutricionales de una ostomía es necesario recordar que cada segmento intestinal desempeña funciones diferentes.
El intestino delgado es el principal lugar de digestión final y absorción de macronutrientes, vitaminas y minerales. El colon, por su parte, desempeña un papel especialmente importante en la recuperación de agua y electrolitos y en el aprovechamiento de algunos productos de la fermentación bacteriana.
Una ostomía puede modificar el tránsito intestinal, pero sus consecuencias dependen de qué funciones digestivas continúan disponibles.
La importancia del intestino delgado conservado.
La mayor parte de la absorción de los macronutrientes tiene lugar en el intestino delgado.
Cuando se conserva suficiente longitud intestinal funcional, una ostomía puede permitir una absorción adecuada de energía, proteínas, grasas e hidratos de carbono.
En cambio, si la intervención ha requerido extirpar una porción extensa del intestino delgado, puede disminuir la superficie disponible para absorber nutrientes y líquidos.
La repercusión depende de varios factores: la longitud resecada, qué segmentos permanecen, la existencia de enfermedad intestinal residual y la continuidad o exclusión del colon.
La conservación del intestino funcional es especialmente importante en pacientes con enfermedad de Crohn, que en determinadas circunstancias pueden necesitar resecciones intestinales. En nuestro artículo sobre cirugía en la enfermedad de Crohn explicamos las principales técnicas quirúrgicas y las situaciones que pueden requerir una ostomía.
El papel del colon en la absorción de agua y electrolitos.
El contenido procedente del intestino delgado todavía contiene cantidades importantes de agua y electrolitos.
El colon recupera una parte de estos componentes y contribuye a la formación de heces más consistentes.
También puede aprovechar productos generados por la fermentación bacteriana de determinados hidratos de carbono que llegan sin absorber desde el intestino delgado.
Cuando el colon queda excluido del tránsito digestivo, como ocurre en una ileostomía, se pierde su contribución a estas funciones.
Por esta razón, algunos pacientes presentan mayores pérdidas de líquidos y sodio a través del estoma.
En cambio, cuando se conserva una porción funcional del colon antes de la salida del contenido intestinal, parte de esta capacidad de recuperación permanece disponible.
La longitud intestinal funcional y la continuidad del colon tienen especial importancia en pacientes con resecciones extensas o síndrome de intestino corto [2].

¿Una ostomía provoca siempre malabsorción?
No.
La malabsorción aparece cuando la capacidad del aparato digestivo para absorber nutrientes se encuentra comprometida.
Una ostomía puede coexistir con una absorción adecuada si se conserva suficiente intestino funcional.
Por ejemplo, una persona con colostomía después de una resección rectal puede conservar prácticamente toda la superficie intestinal responsable de absorber nutrientes.
En cambio, otra persona con una ileostomía asociada a una resección extensa del intestino delgado puede presentar alteraciones importantes de absorción.
También conviene diferenciar malabsorción e insuficiencia intestinal.
La guía ESPEN sobre insuficiencia intestinal crónica define esta última como una reducción de la función intestinal por debajo del mínimo necesario para absorber macronutrientes, agua o electrolitos, de modo que se precisa suplementación intravenosa para mantener la salud [2].
Por tanto, una persona puede tener una ostomía sin malabsorción significativa, presentar malabsorción sin insuficiencia intestinal o desarrollar insuficiencia intestinal en situaciones especialmente complejas.
Estas diferencias condicionan las decisiones nutricionales y el tipo de seguimiento.
¿Es necesario cambiar la alimentación después de una ostomía?
La alimentación puede requerir adaptaciones después de la operación, pero esto no significa que todas las personas con ostomía deban seguir una dieta especial de manera permanente.
Durante las primeras semanas, el aparato digestivo se encuentra en proceso de recuperación. Puede existir inflamación posoperatoria, cambios del tránsito, disminución del apetito y variaciones en la consistencia o el volumen del contenido eliminado.
En este periodo, algunos equipos quirúrgicos recomiendan una dieta temporalmente baja en fibra o en residuos, particularmente después de una ileostomía, con introducción progresiva de los alimentos conforme evoluciona la recuperación.
Estas recomendaciones iniciales deben diferenciarse de las necesidades a largo plazo.
El consenso de la British Dietetic Association sobre tratamiento dietético de la enfermedad inflamatoria intestinal señala que las personas con ileostomía o colostomía deben ser animadas a consumir una alimentación variada y que no existen alimentos universalmente contraindicados por el mero hecho de llevar un estoma [3].
No obstante, este consenso está centrado en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal y la evidencia específica sobre intervenciones dietéticas en ostomías sigue siendo limitada. Por ello, sus recomendaciones deben aplicarse considerando la situación clínica individual.
¿Qué ocurre con la fibra alimentaria?
La fibra es una de las cuestiones que más dudas genera después de una ostomía.
Con frecuencia se recomienda evitar verduras, frutas, legumbres, frutos secos o cereales integrales. Sin embargo, convertir estas precauciones en prohibiciones permanentes puede reducir innecesariamente la variedad de la alimentación.
Durante la recuperación inicial pueden necesitarse ajustes de cantidad, textura y preparación de los alimentos.
Posteriormente, si no existen contraindicaciones como una estenosis intestinal, la tolerancia puede permitir una reincorporación progresiva de distintos alimentos ricos en fibra.
La fibra tampoco produce siempre el mismo efecto sobre el contenido eliminado por la ostomía.
Sus propiedades físicas, capacidad para retener agua, fermentabilidad y cantidad consumida pueden influir de forma diferente en el tránsito y la consistencia del débito.
El consenso dietético ECCO de 2025 señala que una mayor ingesta de fibra puede aumentar el débito de algunas ileostomías, aunque en los estudios evaluados generalmente se mantuvo dentro de los volúmenes considerados habituales. La evidencia procede de ensayos pequeños, por lo que no permite establecer una respuesta idéntica para todos los pacientes [4].
Esto significa que ni eliminar toda la fibra ni recomendar suplementos de fibra indiscriminadamente son estrategias adecuadas para todas las personas con ostomía.
¿Y si determinados alimentos producen gases o molestias?
Algunas personas observan cambios en la cantidad de gases, el olor o la consistencia del contenido eliminado después de consumir determinados alimentos.
Sin embargo, las respuestas son individuales.
Un alimento que provoca molestias en una persona puede tolerarse perfectamente en otra. Además, la cantidad consumida y la combinación de alimentos pueden influir en los síntomas.
Por esta razón, suele ser más apropiado identificar las dificultades concretas y adaptar la alimentación que establecer listas generales de alimentos prohibidos.
En personas con pérdida de apetito o ingesta insuficiente, también puede resultar útil distribuir la alimentación en varias comidas y adaptar temporalmente las porciones para facilitar que se cubran las necesidades energéticas y proteicas [1,3].
El objetivo debe ser mantener una alimentación nutricionalmente adecuada, variada y compatible con la función intestinal de cada paciente.
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Hidratación y pérdidas de electrolitos: ¿por qué son importantes?
La hidratación es uno de los aspectos que más pueden diferenciar a las ostomías del intestino delgado de las colostomías.
Cuando el contenido digestivo sale antes de atravesar el colon, se pierde la posibilidad de recuperar parte del agua y los electrolitos que normalmente absorbería este órgano.
Por ello, las personas con ileostomía o yeyunostomía pueden presentar un mayor riesgo de deshidratación, especialmente si el volumen eliminado es elevado.
Entre los electrolitos que merecen especial atención se encuentra el sodio, que puede perderse en cantidades importantes a través del contenido intestinal.
Estas pérdidas pueden acompañarse de alteraciones en otros electrolitos, como el magnesio y el potasio, dependiendo de las circunstancias clínicas.
¿Beber más agua siempre soluciona las pérdidas?
No necesariamente.
En personas con una ostomía de funcionamiento habitual, una hidratación adecuada puede conseguirse mediante la alimentación y la ingesta ordinaria de líquidos, ajustadas a sus necesidades.
Sin embargo, cuando existen pérdidas intestinales importantes, beber grandes cantidades de agua sola o de bebidas muy hipotónicas puede no corregir adecuadamente el déficit de sodio y, en determinadas situaciones de intestino corto con yeyunostomía, incluso incrementar las pérdidas netas de líquidos.
La explicación está relacionada con los mecanismos de transporte de agua y sodio a través del intestino.
En estas situaciones puede ser necesario utilizar soluciones de rehidratación oral con una composición específica de sodio y glucosa. No todas las bebidas deportivas o soluciones comerciales de hidratación tienen una composición adecuada para compensar las pérdidas de una ostomía de alto débito.
La guía ESPEN sobre insuficiencia intestinal crónica contempla estrategias específicas de hidratación y reposición de electrolitos según la anatomía y las pérdidas intestinales [2].
Por tanto, no es adecuado recomendar a todos los pacientes con ileostomía que beban la misma cantidad de agua ni que consuman indiscriminadamente bebidas isotónicas.
Las indicaciones deben tener en cuenta el débito del estoma, la función renal, el estado de hidratación, las enfermedades asociadas y las recomendaciones del equipo sanitario.
¿Cómo reconocer posibles problemas de hidratación?
Entre los signos que pueden indicar pérdidas excesivas de agua o electrolitos se encuentran:
- Sed persistente o intensa.
- Disminución de la cantidad de orina.
- Orina muy concentrada u oscura.
- Mareos, especialmente al incorporarse.
- Debilidad o cansancio inusual.
- Calambres musculares.
- Aumento importante del volumen líquido eliminado por el estoma.
Estos síntomas no son exclusivos de la deshidratación, pero deben motivar una valoración, especialmente si aparecen después de una ileostomía.
La disminución marcada de la orina, la incapacidad para mantener una ingesta adecuada de líquidos, los vómitos persistentes, el desmayo o la confusión requieren atención médica urgente.
El seguimiento de la hidratación debe formar parte de la educación del paciente cuando existe riesgo de pérdidas importantes.
¿Qué deficiencias nutricionales pueden aparecer después de una ostomía?
Las deficiencias nutricionales no son una consecuencia inevitable de las ostomías.
Su aparición está relacionada principalmente con la ingesta alimentaria, la enfermedad de base, la cantidad y localización del intestino resecado, las pérdidas intestinales y las complicaciones que pueden afectar a la absorción.
Vitamina B12.
La vitamina B12 se absorbe principalmente en el íleon terminal después de unirse al factor intrínseco producido en el estómago.
Cuando este segmento intestinal se ha resecado o se encuentra gravemente afectado, puede disminuir la absorción de la vitamina.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, después de determinadas resecciones ileales por enfermedad de Crohn.
No obstante, la existencia de una ileostomía no implica necesariamente una deficiencia de vitamina B12.
Si el íleon terminal permanece funcional y no existen otros factores que comprometan su absorción, la vitamina puede absorberse adecuadamente.
Por tanto, la necesidad de controlar o suplementar vitamina B12 depende de la anatomía intestinal y de los factores de riesgo, no del nombre de la ostomía.
Vitaminas liposolubles.
Las vitaminas A, D, E y K necesitan que la digestión y absorción de las grasas funcionen adecuadamente.
Las resecciones intestinales extensas o la pérdida de una porción importante del íleon pueden alterar la circulación enterohepática de los ácidos biliares y favorecer la malabsorción de grasas.
La resección ileal también puede alterar la recuperación de los ácidos biliares. Cuando estos llegan en exceso a un colon funcional pueden producir diarrea; en resecciones más extensas, la reducción de ácidos biliares disponibles puede favorecer la malabsorción de grasas. Explicamos estos mecanismos en diarrea por ácidos biliares tras una resección ileal.
Cuando esto ocurre, aumenta el riesgo de una absorción insuficiente de vitaminas liposolubles.
El riesgo será diferente según la longitud intestinal conservada y el grado de alteración digestiva.
Por ello, no se recomienda suplementar sistemáticamente estas vitaminas en todas las personas con ostomía, sino identificar las situaciones en las que puede existir una deficiencia.
Minerales y electrolitos.
El sodio y el magnesio pueden tener especial importancia en pacientes con pérdidas intestinales elevadas.
En determinados pacientes con intestino corto o estomas de alto débito, la pérdida continuada de agua y sodio puede acompañarse de alteraciones del magnesio.
Otros minerales, como el zinc, también pueden requerir valoración cuando existen pérdidas digestivas importantes, malabsorción o desnutrición.
Sin embargo, estas situaciones no deben extrapolarse a una persona con colostomía y absorción intestinal conservada.
Energía y proteínas.
Las dificultades nutricionales no se limitan a vitaminas y minerales.
Después de la cirugía puede producirse una ingesta insuficiente por falta de apetito, dolor, náuseas, intolerancia digestiva o dificultades para adaptar la alimentación.
Si el problema persiste, pueden aparecer pérdida de peso, reducción de masa muscular y desnutrición.
En determinados pacientes también puede existir una menor capacidad para absorber energía o proteínas como consecuencia de resecciones extensas.
La guía ESPEN de nutrición en cirugía de 2025 destaca la importancia de identificar precozmente el riesgo nutricional, evitar periodos innecesarios de alimentación insuficiente y proporcionar soporte nutricional cuando esté indicado [1].
Por tanto, la valoración nutricional debe contemplar tanto la cantidad de nutrientes que se consumen como la capacidad del organismo para absorberlos.
¿Necesitan suplementos las personas con ostomías?
No todas las personas con ostomía necesitan suplementos nutricionales.
Para decidirlo es necesario distinguir entre la suplementación de micronutrientes, los suplementos nutricionales orales y otras modalidades de soporte nutricional.
Suplementación de vitaminas y minerales.
Se utiliza cuando existen deficiencias, alteraciones de la absorción o situaciones clínicas que justifican un aporte adicional.
Por ejemplo, una persona con resección ileal importante puede necesitar seguimiento de vitamina B12 y suplementación cuando corresponda.
En pacientes con malabsorción extensa también puede ser necesario vigilar otras vitaminas y minerales.
La elección del suplemento, su dosis y su vía de administración dependen del nutriente y de las características individuales.
Suplementos nutricionales orales.
Los suplementos nutricionales orales son preparados diseñados para aportar energía, proteínas y otros nutrientes.
Pueden estar indicados cuando la alimentación habitual no permite cubrir las necesidades nutricionales, por ejemplo, durante una recuperación posoperatoria complicada o ante una pérdida de peso involuntaria.
Su utilización debe ajustarse a las necesidades y a la tolerancia digestiva del paciente.
No deben confundirse con los complementos vitamínicos de uso general.
Nutrición enteral y parenteral.
Cuando la alimentación oral no es suficiente, puede ser necesario administrar nutrientes mediante una sonda al tubo digestivo, utilizando nutrición enteral.
En situaciones de insuficiencia intestinal, cuando la absorción digestiva no permite mantener adecuadamente el estado nutricional o el equilibrio de agua y electrolitos, puede ser necesaria nutrición parenteral o suplementación intravenosa.
Estas estrategias forman parte del tratamiento nutricional especializado y no son habituales en todas las ostomías [1,2].
Las indicaciones y diferencias entre los suplementos nutricionales orales, la nutrición enteral y la nutrición parenteral se desarrollan en nuestro artículo ¿Qué es el soporte nutricional en cirugía digestiva?.
La decisión depende de la evaluación clínica y nutricional, no exclusivamente del tipo de estoma.
Cuando existe desnutrición importante o una ingesta insuficiente durante un periodo prolongado, la recuperación del aporte nutricional también requiere precauciones para prevenir alteraciones metabólicas. Estas situaciones se explican en nuestro artículo sobre síndrome de realimentación en cirugía digestiva.
¿Qué es una ostomía de alto débito?
Una ostomía de alto débito es una situación en la que las pérdidas a través del estoma pueden comprometer el equilibrio de líquidos, electrolitos y, en determinados casos, nutrientes.
Afecta principalmente a ostomías del intestino delgado, especialmente ileostomías y yeyunostomías.
El contenido eliminado puede aumentar por distintas causas, entre ellas alteraciones de la absorción, resecciones intestinales, infecciones, determinados medicamentos, inflamación intestinal u obstrucciones parciales.
En la práctica clínica se han utilizado umbrales de débito superiores a 1.500–2.000 mililitros diarios para identificar situaciones potencialmente problemáticas. Sin embargo, estas cifras no constituyen una definición universal, y su importancia depende del estado clínico de cada paciente.
Un consenso internacional publicado en 2025 propone considerar el síndrome de estoma de alto débito cuando las pérdidas superan la capacidad del organismo para mantener adecuadamente el equilibrio hídrico, metabólico y nutricional [5].
Esto significa que el volumen eliminado debe interpretarse junto con otros parámetros, como la diuresis, el estado de hidratación, la función renal y las alteraciones electrolíticas.
El tratamiento puede requerir una combinación de medidas dietéticas, soluciones de rehidratación específicas, medicamentos y, en situaciones más complejas, soporte intravenoso.
No debe intentarse controlar una ostomía de alto débito únicamente reduciendo la ingesta de alimentos o modificando por cuenta propia la cantidad de líquidos.
Estas situaciones requieren valoración clínica y un tratamiento individualizado.
¿Cuándo debe realizarse una valoración nutricional?
La valoración nutricional puede resultar especialmente importante antes de la intervención, durante el ingreso hospitalario y después del alta.
En pacientes con enfermedad de Crohn que necesitan una intervención intestinal, la preparación nutricional antes de la cirugía puede ayudar a corregir la desnutrición y mejorar las condiciones para la recuperación. Las estrategias disponibles se explican en dieta antes de la cirugía en enfermedad de Crohn: por qué la nutrición es clave.
No todas las personas con ostomía necesitan un seguimiento nutricional de la misma intensidad. Sin embargo, existen circunstancias que justifican una vigilancia más estrecha.
Entre ellas se encuentran las resecciones intestinales extensas, la enfermedad inflamatoria intestinal activa, el cáncer, la pérdida involuntaria de peso, el débito intestinal elevado o las dificultades persistentes para mantener una alimentación adecuada.
También debe considerarse el seguimiento cuando aparecen alteraciones analíticas, sospecha de deficiencias de micronutrientes o episodios repetidos de deshidratación.
La valoración puede incluir el estudio del peso y su evolución, la ingesta alimentaria, la composición corporal cuando resulte pertinente, el débito del estoma, el estado de hidratación y determinadas pruebas de laboratorio.
El tipo de análisis dependerá de los riesgos individuales. No existe un conjunto de suplementos o pruebas analíticas que deba aplicarse indiscriminadamente a todas las personas con ostomía.
La guía ESPEN de nutrición en cirugía de 2025 subraya la importancia de identificar la desnutrición y el riesgo nutricional, así como de integrar el tratamiento nutricional dentro de la atención perioperatoria [1].
La participación coordinada del equipo quirúrgico, enfermería especializada en estomaterapia y dietistas-nutricionistas puede facilitar la adaptación alimentaria y la prevención de complicaciones.
Preguntas frecuentes sobre ostomías intestinales y nutrición:
¿Todas las personas con ostomía necesitan una dieta especial?
No. Muchas personas con ileostomía o colostomía pueden recuperar una alimentación variada después del periodo inicial de adaptación.
Las recomendaciones dependen del tipo de ostomía, las resecciones asociadas, la tolerancia alimentaria y la presencia de complicaciones.
¿Se pueden volver a comer frutas, verduras, legumbres y alimentos con fibra?
En muchos casos, sí.
Durante las primeras semanas después de determinadas intervenciones puede recomendarse una modificación temporal de la cantidad o textura de la fibra.
Posteriormente, los alimentos pueden reintroducirse progresivamente según la evolución y la tolerancia, siempre considerando las posibles contraindicaciones individuales.
Las restricciones permanentes no deben establecerse únicamente por la presencia de una ostomía.
¿Una ileostomía significa tener síndrome de intestino corto?
No.
Una ileostomía es una derivación quirúrgica del tránsito intestinal. El síndrome de intestino corto aparece cuando existe una reducción importante de la longitud funcional del intestino delgado, generalmente después de resecciones extensas.
Aunque ambas situaciones pueden coexistir, son conceptos diferentes.
¿Es necesario tomar vitamina B12 después de una ileostomía?
No siempre.
La necesidad de suplementación depende principalmente de la conservación y el funcionamiento del íleon terminal, además de otros factores que afectan a la absorción de vitamina B12.
Una persona con ileostomía y un íleon terminal funcional puede mantener una absorción adecuada.
¿Una colostomía produce menos pérdidas de agua que una ileostomía?
Generalmente, sí, especialmente cuando se conserva una parte importante del colon funcional antes del estoma.
Sin embargo, las pérdidas pueden variar según la localización de la colostomía, la enfermedad de base y las características del tránsito.
¿Se puede cerrar una ostomía?
Algunas ostomías se crean con intención temporal y pueden cerrarse mediante una intervención posterior.
La posibilidad de reconstruir el tránsito depende de la enfermedad, la anatomía intestinal, la evolución posoperatoria y la valoración quirúrgica.
Tras el cierre pueden aparecer cambios transitorios o persistentes del tránsito intestinal que requieran adaptación alimentaria.
¿Tener una ostomía significa necesitar suplementos para siempre?
No.
Algunas personas pueden mantener un estado nutricional adecuado exclusivamente mediante la alimentación habitual.
Otras pueden necesitar suplementos temporalmente durante la recuperación, mientras que los pacientes con resecciones extensas o alteraciones permanentes de absorción pueden requerir seguimiento y suplementación prolongados.
Conclusiones.
Las ostomías intestinales permiten desviar el tránsito digestivo después de determinadas intervenciones quirúrgicas, pero sus consecuencias nutricionales son muy diferentes según la anatomía y la función intestinal restante.
La ileostomía puede aumentar el riesgo de pérdidas de agua y sodio al excluir el colon del tránsito. La colostomía, especialmente cuando conserva una parte importante del intestino grueso y todo el intestino delgado, suele permitir una absorción adecuada de nutrientes. Las yeyunostomías, particularmente cuando se asocian a resecciones extensas, pueden presentar mayores dificultades nutricionales.
Sin embargo, el tipo de estoma no permite predecir por sí solo la necesidad de restricciones alimentarias, suplementos o soporte nutricional.
La longitud y localización del intestino conservado, la enfermedad de base, el volumen de las pérdidas y el estado nutricional son factores esenciales para adaptar las recomendaciones.
Por esta razón, el objetivo del tratamiento nutricional no consiste en imponer una dieta universal para todas las personas con ostomía, sino en mantener una alimentación suficiente y variada, prevenir la deshidratación y detectar posibles deficiencias cuando exista riesgo.
Una evaluación individualizada permite distinguir a quienes pueden recuperar una alimentación prácticamente habitual de aquellos pacientes que necesitan medidas específicas y seguimiento nutricional especializado.
Aviso médico: este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y educativa. No sustituye la valoración individualizada del equipo quirúrgico, enfermería especializada en estomaterapia ni profesionales de nutrición clínica. Las recomendaciones alimentarias, de hidratación y suplementación deben adaptarse a la anatomía intestinal, la evolución y las necesidades de cada paciente.
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